jueves, 27 de febrero de 2014

EL PRIMER AYUNTAMIENTO MEXICANO



POR MARISA VEGA MIJARES


La expedición de Cortés se inicia en octubre de 1518.
Las instrucciones que llevaba de Diego Velásquez a la sazón gobernador de Cuba eran: nombrar capitanes para los navíos; rescatar unos cristianos que sabía cautivos en Yucatán; asentar en las cartas de los pilotos la situación de los puertos y provincias donde estuvieren; requerir a los indios para la servidumbre real; plantear la conquista pacifica; conocer las creencias religiosas de los indios e informarlos de la religión verdadera; rescatar oro y piedras; no dormir en la tierra y al llegar a Santa María de las Nieves frente a Ulúa, mandar una embarcación con relación de todo lo que se hubiere rescatado. Lo nombra justicia mayor y capitán general de la armada. No se preveía hacer establecimiento alguno. 

Cortés escribió cinco cartas de relación. La primera extraviada, fue escrita en la Villa Rica de la Veracruz y se le ha remplazado con la llamada “Carta del Cabildo” fechada el 10 de julio de 1519. Esta carta dirigida al rey, relata brevemente los principales acontecimientos ocurridos desde su salida de Cuba a mediados de febrero de 1519, hasta su llegada a San Juan de Ulúa y la fundación de la Villa Rica de la Vera Cruz, pues su intención no era solo rescatar, si no también poblar, al tiempo que se niega a regresar con lo rescatado a Cuba para que Diego Velásquez lo goce él solo, pidiendo además que lo destituya del cargo de gobernador. La Carta iba acompañada además con los presentes que les había dado Moctezuma. 

Diego de Coria, su paje de cámara y amanuense, al ser entrevistado por Francisco Cervantes de Salazar para su “Crónica de la Nueva España” casi cuarenta años después de la conquista, recordaría que pasó en julio de 1519, noches enteras escribiendo tanto la carta perdida (1ª.) como la “Carta del Cabildo”. 

Cortés y sus hombres desembarcaron en Chalchicueyacan, cerca de la moderna Veracruz el jueves santo de 1519. Por consejo del piloto Antón de Alaminos se pusieron en la nao capitana los estandartes reales. Dos canoas grandes con indios mexicanos les hicieron saber que eran bien venidos del señor Moctezuma. Desembarcaron al día siguiente el viernes santo de la Cruz en unos arenales altos, e hicieron chozas con ramas y madera para Cortés, capitanes y soldados. El sábado santo llegó gente de Moctezuma, que trajeron hachas y adobaron las chozas de Cortés y los ranchos que más cerca hallaron y les pusieron unas mantas grandes encima. El domingo de resurrección por órdenes de Moctezuma, los embajadores Pinotl (Pitalpitoque) y Tentlitl (Tendile) se presentaron en el real de los españoles acompañados de muchos indios con presentes en joyas de oro, ropa de algodón, pluma y comida, a lo que Cortés correspondió con modestos presentes: cuentas torcidas, una silla de caderas con entalladuras de taracea, unas piedras margarita, un sartal de diamantes torcidos y una gorra carmesí con una medalla de oro de San Jorge. Y les manifestó su intención de entrevistarse con Moctezuma. 

Tentlitl, traía consigo pintores y mandó pintar al natural la cara y cuerpo de Cortés y de todos los capitanes y soldados, a Marina, Aguilar, navíos, velas, caballos, lebreles, tiros, pelotas y todo el ejército y se despidió diciendo que volvería.
Pinotl se quedó mientras tanto en el campamento de españoles en sitio aparte, proveyendo a Cortés y a sus capitanes de comida, a la semana se presentó nuevamente Tentlitl con más de cien indios cargados con más presentes: un disco de oro del tamaño de una rueda de carreta, otra mayor de plata, muchas piezas de orfebrería de oro muy fino, plumas verdes y cargas de ropa de algodón. Y con ellos venía un mexicano que en rostro, facciones y cuerpo se parecía a Cortés.
Volvió a quedar con ellos Pinotl aunque la comida ya no era tan abundante y por tercera ocasión regreso Tentlitl con más regalos: diez cargas de mantas de pluma, piedras verdes llamadas chalchihuis y más piezas de orfebrería y con la advertencia de Moctezuma que no podrían verlo y que no enviaran más mensajeros a México. 

Moctezuma ya tenía conocimiento de hombres blancos y barbados que andaban en casas sobre el agua, desde las exploraciones de Hernández de Córdoba y Juan de Grijalva, pero al enterarse del desembarco, no podía comer ni dormir sino que estaba triste y suspiraba muchas veces. Envió adivinos para que mirasen si les podían hacer algún encantamiento o hechicería para que enfermasen y muriesen pero ninguna cosa les aprovechó ni tuvo efecto. Mandó llamar a todos los pintores y les rogó le dijesen si sabían alguna cosa, o si sus antepasados les habían dejado alguna relación con pinturas o efigies parecidas a lo que mostraban las imágenes que fueron tomadas por sus pintores. Desde antes de que aparecieran los españoles había pronósticos que le auguraban la pérdida de su reino: resucitó una mujer después de cuatro días; oíanse voces de mujer que decía, ya nos perdemos ¡oh hijos, dónde os llevaré! ; tomóse un ave que tenía un espejo en la cabeza donde se veía el cielo y gentes armadas y a caballo; hombres de dos cabezas; la aparición de cometas; se activó el volcán Popocatépetl; creció el nivel de la laguna; cayó un rayo en el adoratorio de Xiuhtecuhtli; se incendió el techo de paja del altar de Huitzilopochtli. Y la leyenda de que su dios Quetzalcóatl volvería, y que era un dios blanco, tal como se le presentaban los españoles. 

Y qué decir de Quintalbor, ¿quién le iba a decir a este personaje que su señor Moctezuma lo mandaba llamar para irse en la embajada que enviaba presentes a los españoles? ¡por ser la copia indígena del jefe de los hombres blancos que estaban en la costa! Y en el real de los españoles que no lo dejaban en paz, lo llamaban Cortés por su parecido, así que, “Cortés acá y Cortés acullá....” (dicho por Bernal). En la despedida le regalaron al doble de Cortés, dos camisas de Holanda unas cuentas azules y otras cosillas, dice Bernal que Quintalbor adoleció en el camino, no sabemos si enfermó o de plano se murió antes de llegar a Tenochtitlán y no era para menos. 

En las playas frente a San Juan de Ulúa se formó un campamento. Este hecho era contrario a las instrucciones que había dado Diego Velásquez de sólo rescatar y volverse a Cuba, mas no poblar. En el real se formaron dos bandos: los que dándose cuenta de la riqueza de la tierra querían poblar para obtener privilegios y mercedes reales, que estaban del lado de Cortés y los partidarios de Velásquez que pedían el regreso a Cuba con todo lo rescatado. Como no todos estaban de acuerdo con quedarse, Cortés, para guardar las apariencias, mandó pregonar el regreso a Cuba para el día siguiente, sabiendo que su gente -que era la mayoría- lo impediría, pues ya tenía secretamente concertado con sus amigos: Alonso Hernández Portocarrero; los hermanos Alvarado; Cristóbal de Olid; Alonso de Ávila; Juan de Escalante; Francisco de Lugo y Bernal, formar un ayuntamiento para independizarse de la autoridad de Diego Velásquez y pedirlo por capitán general y justicia mayor. 

La simple voluntad de quedarse no era suficiente; para legalizarse tenían que fundar un ayuntamiento, de no hacerlo así, Cortés y sus hombres incurrían en el delito de lesa majestad, eran transgresores a la autoridad establecida por el rey como lo era Diego Velásquez. El Ayuntamiento de Villa Rica, fundado por Cortés y sus soldados, representó la voz de la mayoría que reasumía su soberanía y se convertía en autoridad suprema solo sujeta por tradición al monarca. 

En Castilla, el consejo ciudadano es el origen del ayuntamiento, es la asamblea de vecinos legalmente establecida bajo un principio de autoridad que en sus orígenes escoge a sus representantes, elige autoridades y se rige por sus propias leyes. Los símbolos de poder están representados en las varas de justicia, la picota y la horca. Por tanto, en las playas de la Vera Cruz, se juntaron en cabildo: alcaldes y oficiales nuevos, tomaron las varas de justicia y posesión de sus oficios según se acostumbraba en las villas y lugares de Castilla. 

El nombramiento de capitán general que le había dado Velásquez a Cortés se anulaba y es este Ayuntamiento constituido ya en autoridad, quien lo nombra de común acuerdo Capitán General y Justicia Mayor de ese territorio, a su cargo quedaría la administración y defensa de la Villa; dictar ordenanzas; impartir justicia en primera instancia y repartir tierras y solares. Es a través de esta forma que Cortés legalizó su alzamiento. 
 
“Y luego ordenamos de hacer y fundar e poblar una villa que se nombró La Villa Rica de la Vera Cruz, porque desembarcamos en Viernes Santo de la Cruz,... y rica por aquel caballero que se llegó a Cortés y le dijo que mirase las tierras ricas, e fundada la villa hicimos alcaldes y regidores, y fueron los primeros alcaldes Alonso Hernández Puertocarrero y Francisco de Montejo...se puso una picota en la plaza y fuera de la villa una horca, y señalamos por capitán para las entradas a Pedro de Alvarado, y maestre de campo a Cristóbal de Olí, y alguacil mayor a Joan de Escalante, y tesorero Gonzalo Mejía, y contador Alonso de Ávila, y alférez a Fulano Corral... y alguacil del real a Ochoa, vizcaíno, y a un Alonso Romero....después de lo cual otro día siguiente entramos en nuestro cabildo y
ayuntamiento; y estando así juntos enviamos llamar al dicho capitán Fernando Cortés y le pedimos en nombre de vuestras reales altezas que nos mostrase los poderes y instrucciones que el dicho Diego Velásquez le había dado...el cual envió por ellos y no los mostró...y que por haber ya expirado no podía usar de justicia ni de capitán de allí adelante”. “Pareciéndonos... que para la pacificación y concordia de entre nosotros y para nos gobernar bien,... le proveímos de justicia y alcalde mayor del cual recibimos juramento que en tal caso se requiere...lo recibimos en su real nombre en nuestro ayuntamiento y cabildo...y ansí está y estará hasta tanto vuestras majestades provean lo que más a su servicio convenga”. 

Cortés como alcalde mayor da nombramientos de alcaldes ordinarios a Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo, como regidor a Bernardino Vásquez de Tapia y como escribano a Diego de Godoy, los demás puestos quedaron tal cual se formo el ayuntamiento. Cada cabildo español tenía poderes judiciales y políticos no sólo en la cercanía inmediata sino por muchas leguas a la redonda, así entre 1519 y 1520 todo México era gobernado teóricamente desde la Vera Cruz.
Las ciudades de Castilla mandaban dos procuradores a la Corte. Cortés decide nombrar a Portocarrero y a Montejo como representantes ante la corona de la recién fundada Villa. Buscaba con esto el reconocimiento de la ciudad y negociar cédulas y mercedes reales. Que sabía más que garantizado con el envío de los presentes de Moctezuma y de todo lo rescatado. 

Mientras Cortés fundaba su Villa, a Velásquez le llegó el nombramiento de gobernador y adelantado de tierra firme, pero ya era tarde, los procuradores a pesar de las trabas del obispo Fonseca encargado de los asuntos de las Indias y favorable a Velásquez, llegaron en marzo de 1520 a Tordesillas donde Carlos se detuvo a visitar a su madre la reina loca Doña Juana y allí recibió a los emisarios de Cortés y a principios de abril pudo ver en Valladolid las cartas y los presentes. 

Bernal dice de Carlos V “después que vio y entendió fue tanto el contento que mostró, y los Duques y marqueses y condes y otros caballeros que estaban en su real corte, que en otra cosa no hablaban por algunos días sino de Cortés y de todos nosotros”.1 

Los presentes enviados por Moctezuma fueron exhibidos para la admiración de la Corte ambulante, en ciudades españolas y de ahí pasaron a las flamencas, donde se exhibió en la sala del Palacio del Ayuntamiento de Bruselas. El pintor alemán Alberto Durero viajó por estos días a Flandes y tuvo oportunidad de admirarlos; anotando en su diario: “A lo largo de mi vida, nada he visto que regocije tanto mi corazón como estas cosas. Entre ellas he encontrado objetos maravillosamente artísticos, y he admirado los sutiles ingenios de los hombres de estas tierras extrañas. Me siento incapaz de expresar mis sentimientos”2 

A fines de junio y principios de julio de 1521, mientras Cortés ponía sitio a la ciudad de Tenochtitlán, Diego Velásquez promovió una información contra Cortés para remitirlas al Consejo de Indias, estas primeras acusaciones serán la base para en 1529 formarle el juicio de residencia.
Pero el tesoro de Moctezuma surtió su efecto, el quince de octubre de 1522 Carlos V por Real Cedula daba el nombramiento a Cortés de Gobernador y Capitán General de la Nueva España. Velásquez enfermó y murió pocos años después, maldiciendo el día en que se le ocurrió nombrar a Cortés capitán general de la armada.
Estando en los arenales de Veracruz, lejos de lugares poblados y en sitio insalubre (vorazmente hostigados por los mosquitos conocidos como “chaquistes”, pequeñitos capaces de atravesar la ropa, que no tenían miedo a las armas de fuego ni a los caballos ni por supuesto comprendían lo mucho que importunaban a los descendientes de Quetzálcóatl), Cortés envió a Francisco de Montejo costa arriba, para buscar un puerto más seguro y buen sitio para poblar. Montejo llegó hasta el río Pánuco pero dadas las corrientes no pudo pasar, por lo que tornó de regreso a San Juan de Ulúa, dando relación que a doce leguas de allí habían visto un pueblo como fortaleza, llamado Quiahuiztlán y que cerca de aquel lugar había un puerto que le parecía al piloto podrían estar seguros los navíos. A este puerto le pusieron el nombre de Bernal por parecerse a otro de España. 

Ida la tercera y última embajada de Moctezuma, se acercaron cinco indios a la playa con rostro alegre y que hablaban una lengua diferente, los totonacas, le daban la bien venida de parte del señor de Cempoala. Cortés los trató bien y les dio algunas cosas de rescate y les mostró armas y caballos. Mandó ir al puerto que decía Montejo para tener los barcos al abrigo del peñol, subiendo a los barcos los bastimentos más pesados y él se fue caminando por tierra, pasaron el río donde después se poblaría La Antigua en balsas y canoas y llegaron a Cempoala siendo recibidos por 20 señores principales con ramilletes de flores lindamente artificiados “que es costumbre antigua entre los indios recibir con esta caricia” y le dijeron que el cacique los esperaba en su aposento que por ser hombre grueso y pesado no salía a recibirlos. Cempoala ubicada entre dos ríos y bautizada inicialmente como Sevilla era un paraíso, gente alegre, variedad de frutas, pastos de caza y mercado diario. Las paredes de las casas recién encaladas le parecieron a un soldado de los corredores de a caballo que eran de plata y volvió a galope a contar la nueva, pero luego se entendió el equívoco y “fue muy reída la broma”. 

Torquemada amonesta diciendo: “y bien pienso que con la imaginación que llevaban y buenos deseos de dineros todo se les antojaba plata y oro, no siéndolo todo lo que reluce, como dice el proverbio; y esto es así, que a cada uno se le antojan las cosas de aquel color engañoso que se las representa la propia pasión, y esta fue la causa por la que la naturaleza como tan diestra y discreta en sus operaciones ordenó que las niñas de los ojos, que son las que hacen la vista, no
tuviesen color ninguno en sí mismas, porque a tener alguno le parecieran de aquel todas las cosas que vieran” 

En Cempoala los alojaron por quince días, al día siguiente de ser recibidos fueron a pláticas con el cacique que se puso a llorar porque su pueblo estaba sujeto a Moctezuma que les exigía tributos. Cortés ofreció ayuda y se despidió tomando rumbo al puerto de Bernal donde habían anclado las naves. De camino pasaron al poblado de Quiahuiztlán ubicada en un cerro alto, también tributarios de Moctezuma, encontraron en el sitio solo 15 hombres que el cacique los había dejado para recibir a los españoles. Al día siguiente estando con Cortés los principales de Quiahuiztlán llegó el señor de Cempoala sobre hombros de muchos indios y volvió a llorar su desgracia. Estando en pláticas los caciques y Cortés les llegaron a avisar, que estaban los recaudadores de tributos de Moctezuma cosa que les causó tanto miedo que dejaron a Cortés solo, para salir corriendo a recibirlos y estos los amonestaron por aposentar a los españoles y les pidieron para resarcir el agravio 20 prisioneros. Como dice Fernando Benítez estos emisarios eran diferentes a los amables embajadores que conocieron en Veracruz, su poder era enorme, Moctezuma no necesitaba de un ejército para hacerse sentir en sus territorios, cinco hombres le bastaban para que el cacique gordo saliera corriendo servilmente a recibirlos. 

Cortés al enterarse ordenó se pusiera bajo prisión a los embajadores y a palos los aprehendieron y ataron. A uno, más bravo que los demás, que no se dejaba, más palos le tocaron. Los totonacas ya estaban avalentonados con el apoyo de sus nuevos aliados, querían sacrificarlos. En la noche Cortés soltó secretamente a dos de ellos, diciéndoles que el no sabía que los habían aprendido y que fueran con su señor Moctezuma a decirle que eran sus amigos y servidores. A la mañana Cortés echo la culpa a los cempoaltecas de haberlos dejado escapar, los cempoaltecas no sabían qué hacer y pensaron decirle a Moctezuma que los españoles los obligaron a apresarlos, y los tres prisioneros restantes que fueron llevados a los barcos, le dijeron a Cortes que desconfiara de los cempoaltecas que siempre le habían dado problemas a su señor. Todos se echaban la culpa y Cortés sacaba el mejor provecho. 

El ayuntamiento ya estaba fundado en papel, es decir jurídicamente, más de no de hecho así que decide bajar a fundar de facto su villa frente al puerto de Bernal.
Bernal: “y acordamos de fundar La Villa Rica de la Vera Cruz en unos llanos a media legua del pueblo que se dice Quiahuiztlán y trazada iglesia y plaza y atarazanas, y todas las cosas que convenían para ser villa, e hicimos una fortaleza y desde los cimientos, y en acabarla de tener alta para enmaderar y hechas troneras y cubos y barbacanas, dimos tanta prisa, que desde Cortés que comenzó el primero a sacar tierra a cuestas y piedras para ahondar los cimientos, como todos los capitanes y soldados, a la continúa, entendíamos de ello, y trabajábamos por acabarla de presto, los unos en los cimientos, y otros en hacer las tapias, y otros en acarrear agua, y en las caleras, en hacer ladrillos y tejas, y en buscar comida; otros en la madera, los herreros en la clavazón, porque teníamos dos herreros, y de esta manera trabajamos en ello a la continua desde el mayor hasta el menor, y los indios que nos ayudaban, de manera que ya estaba hecha la iglesia y casas y casi la fortaleza”3 

En la construcción de la Villa ayudaron los indios de Quiahuiztlán y los de Cempoala, los cuales cortaron ramas, madera y trajeron piedras para hacer las casas.
Fray Juan de Torquemada añade a los datos que nos da Bernal, el trazo de un contrafuerte o castillo, todo de tapia para lo que pudiera ofrecerse en el discurso de la guerra y para poder recibir socorros. Y la construcción de la casa de regimiento, casa de munición y el reparto de solares. 

El instituto de antropología de la Universidad Veracruzana en 1951, inició la exploración de las ruinas a cargo del maestro Alfonso Medellín Zenil, esta exploración quedo centrada en la fortaleza, con cimientos y bajos muros de piedra, continuados con madera. Eran cuatro crujías delimitando un gran patio, con cuatro torreones uno en cada esquina, formando aspas. Seguramente el trazo de esta primera villa fue reticular y partían de la plaza central los edificios importantes.
En la villa quedó como alguacil mayor Juan de Escalante, él debía terminar las construcciones, guardar el puerto y mantener la paz, disponía para esto de sus aliados los totonacas y sesenta soldados viejos y dolientes que no podían acudir en guerra. Mientras Cortés llegaba a Tenochtitlán, los totonacas le pedirían ayuda a Escalante porque Moctezuma exigía el tributo de la zona de Nautla y ellos se negaban a darlo. Escalante penetró en Nautla ganando la batalla contra los aliados de los aztecas pero fue mal herido y murió a los tres días de haber vuelto a Villa Rica. Cortés ya en Tenochtitlán pidió a Moctezuma se castigara esto y nombró como nuevo alguacil mayor a Alonso de Grado, que se dedicaba a demandar oro e indias bonitas y manifestaba sus intenciones de hacerse de la tierra con Diego Velásquez. Al enterarse de estas quejas Cortés mandará a la Villa a su mejor capitán, Gonzalo de Sandoval, con cargo de teniente de alcalde mayor y alguacil. Sandoval aprendió a Alonso de Grado y lo remitió preso a Tenochtitlán, se congració con los totonacas e incluso comenzó a enmaderar la fortaleza y a techarla y remitió a Cortés dos herreros con hierro de los navíos, cadenas, velas, jarcia, estopa, pez y una aguja magnética para los bergantines con los cuales reconocer los lagos de México. 

En 1525 la Villa Rica se pasó a un lugar más meridional, ocho leguas al sur, a la vera del río de Las Canoas, conocido actualmente como La Antigua y que Motolinia se empeño en llamarla Villa de Vera Cruz de San Francisco, aunque nunca se le conoció de este modo. El mismo Motolinia como guardián del convento de Texcoco y juez comisario pronunció sentencia contra Rodrigo Rengel el 3 de septiembre de 1527 por el pecado de blasfemia que a la iglesia de Villa Rica se dieran diez marcos de plata para la compra de una cruz y un cáliz. 

El traslado de la Villa a la Antigua, fue de carácter práctico ya que tenía la comodidad que las barcas cargadas con mercancías entraban directamente por el río al poblado y se descargaban en las casas del pueblo. Y por otro lado que quedaba más cerca del puerto de San Juan de Ulúa. En el siglo XVI la carga continuaba en barcas desde el puerto de la actual Veracruz hasta La Antigua. Mientras que los pasajeros desembarcaban en San Juan de Ulúa y de ahí pasaban a la Villa de Medellín junto al río Jamapa, sin pasar por la Antigua, que era un camino más directo por tierra hacia la capital de la Nueva España. 

La zona de La Antigua fue encomienda de Cortés hasta que pasó a la corona bajo la Primera Audiencia, con una modesta iglesia parroquial, un convento de franciscanos donde se fundó la hermandad de la Santa Cruz, una casa de jesuitas y una vicaría de dominicos, además de un hospital para atender a los enfermos que llegaban en los navíos. A cargo del cabildo estaba la obligación de mantener vigías para el aviso de barcos piratas.
Pasó a ser parte en el último tercio del siglo XVI del obispado de Tlaxcala. San Juan de Ulúa quedó como único puerto de entrada de navíos en la costa oriental de la Nueva España. La campana de San Juan de Ulúa anunciaba a los vecinos la llegada de las flotas anuales que mantenían la comunicación con España, trayendo artículos europeos: vinos, aceite, mercurio, fierro, ropas, telas finas, papel y libros y regresando con plata, cochinilla, índigo, algodón, pieles y madera de la Nueva España y marfiles, seda y porcelana de Asia. Tuvo hospital para atender a los enfermos de las naves que llegaban a México y un cura vicario para atender a los esclavos y a los indios. La construcción de la fortaleza de San Juan de Ulúa se inició desde el gobierno del virrey Antonio de Mendoza, con muchas modificaciones en años posteriores y aumentada con construcciones adicionales en tierra firme frente a la isla. Ulúa fue también la base de la armada de Barlovento. 

En 1599-1600 el virrey don Gaspar de Acevedo y Zúñiga Conde de Monterrey, ordenó el traslado de los habitantes de La Antigua a la Nueva Veracruz, en la costa frente a San Juan de Ulúa. Por cédula de Valladolid de 19 de junio 1615 se confirmó la traslación y se aprobó el título de Ciudad y Capitanía General de Provincia, concediéndole honores militares al Cabildo cuando salía en cuerpo, que consistían en armas al hombro y marcha batiente, y que eran rendidos por los cuerpos de guarnición de la plaza y del islote de San Juan de Ulúa.
El virrey Luis de Velasco el hijo, determino en 1608 la jurisdicción de cinco leguas de contorno medidas y amojonadas con cuerda de cáñamo de cincuenta varas que incluyó a la Villa de Medellín. Jerónimo Farfán maestro mayor de las obras de San Juan de Ulúa trazó la nueva ciudad.
Esta Nueva Veracruz fue conocida como la Ciudad de las Tablas porque la mayoría de sus construcciones eran de madera y muy pocas de material. Desde 1601 se trasladó el convento de franciscanos que estaba en La Antigua con su cofradía de la Santa Cruz. En 1615 se levantó la Casa de Cabildo. La iglesia parroquial por 1622 era pobre y toda de tablas y no tenía sacristía, ni sagrario, ni capilla para la pila bautismal y cuando andaban los aires del norte, es decir la mitad del año, se llenaba de arena. Así que provisionalmente se usó el templo de los frailes mercedarios terminado de construir en 1650, que sirvió de templo parroquial por algún tiempo. También se establecieron conventos de jesuitas y dominicos y un hospital a cargo de los hipólitos que recorrían los caminos de Veracruz con sus recuas de mulas en busca de enfermos y desvalidos. 

Una manzana la ocupaba el Santo Oficio de la Inquisición que se encargaba de vigilar la entrada de pasajeros y hacer la visita a las flotas en demanda de libros prohibidos, como eran los de romances que trataban de materias fabulosas. Bajada la mercancía de las flotas en la plaza de la ciudad se amontonaban cajas, barriles, pipas, cofres y arcones que las recuas de mulas trasladaban a México. Entre los que conducían recuas por esta época estaba un personaje singular: Alonso Díaz Ramírez de Guzmán o lo que es lo mismo Doña Catalina de Erauzo, monja, criada, comerciante, tahúr, pendenciera, soldado y arriera, hablamos de la Monja Alférez. 

En 1649 una flota que fondeó en el puerto trajo consigo el vómito negro, la peste cundió cobrando cientos de vidas, la ciudad encargó a San Sebastián el auxilio divino y lo nombró patrono de la ciudad de Veracruz Nueva. Para agradecer el cese de la epidemia y honrar a su nuevo patrono el cabildo construyó una capilla fuera del trazo de la ciudad, donde anualmente acudían autoridades civiles y eclesiásticas, cofradías, ordenes regulares, milicias de guarnición y clero secular, para saludarlo con descargas cerradas y honores de Capitán General y se le conducía a la parroquia para festejarlo.
En 1629, Felipe IV ordena la creación de la Armada de Barlovento para impedir la entrada de corsarios y defender las costas. Los piratas guarnecidos en la isla de Jamaica acechaban constantemente las costas y atacaban Alvarado, Tlacotalpan, Tuxpan, Campeche y Yucatán. Hasta llegaron a cobrar tributo de guerra para no atacar ciudades y villas. 

En 1683 gobernando Manuel Manrique de la Cerda, fue atacada por sorpresa la ciudad de Veracruz por los corsarios al mando del holandés Laurent Graff y por Lorencillo, indígena de Jalpa que se unió a los piratas, quienes destruyeron con hachas.: casas, bodegas, iglesias y conventos. Todos los habitantes de la nueva Veracruz: clérigos, mujeres, niños, jóvenes, viejos y esclavos, fueron obligados a juntarse en el templo. La ciudad fue saqueada y amenazaron con quemarlos vivos. Tomaron rehenes y se los llevaron a la Isla de los Sacrificios, pidiendo un rescate que finalmente fue entregado, la ciudad quedó en la ruina. Este asalto, dio impulso al fin, de construir un sistema para fortificar la ciudad, amurallándola, ya que lo que existía antes eran unas incipientes fortificaciones.
Estando próximo a cumplirse el 490 aniversario de la fundación del primer ayuntamiento continental de la Nueva España, el próximo mes de abril, sirva ésta semblanza de lo acaecido en los siglos XVI y XVII, como un modesto homenaje a los fundadores y pobladores de la ciudad de Veracruz. 



EDITÓ: LUIS OZDEN


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